Imagínalo: el disfraz que llevas puesto nació de un sueño extraño que le describiste a ChatGPT o a Gemini; la iluminación de la fiesta parpadea al ritmo de una lista de reproducción curada por un algoritmo; la historia de fantasmas que algunos invitados están compartiendo está siendo coescrita, en tiempo real, con un modelo de lenguaje. En este contexto, analizamos la noche de Halloween 2026: ¿Cómo se festeja en la era de la IA?, ya que esta tecnología poco a poco se ha ido colando en nuestras celebraciones, y puede ayudarnos con el entretenimiento, a crear un maquillaje hiperrealista o incluso, si nos ponemos muy exigentes, a darnos la biografía exacta de ese personaje que queremos encarnar en la reunión de nuestros amigos.
Pero quizá la tecnología sólo cambia eso, el envoltorio. Detrás de las máscaras, de la música y la euforia hay toda una conversación sobre los miedos, la adrenalina, el arte, los monstruos. ¿Por qué nos gusta espantarnos, por ejemplo? ¿Por qué hay tantas películas, tantos libros y podcasts sobre lo desconocido? ¿Qué dice la Psicología y cómo se adapta o se moderniza?

La tardición de Halloween, que va de los celtas a los algoritmos
Con el significado All Hallows’ Eve (la víspera de Todos los Santos) surgió en las frías celebraciones (Samhain) por el inicio de invierno de los pueblos celtas, hace más de dos mil años. En ese entonces, cuando la noche comenzaba a apropiarse del día, la oscuridad se asociaba con un umbral que se abría entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Para evitar ser arrastrados por los espíritus, los celtas idearon una solución que hoy aún replicamos: disfrazarse para engañar.
A lo largo de los siglos, la costumbre se ha transformado y se concibe de diferente manera de acuerdo a los lugares. En México, por ejemplo, esta víspera se entrelaza con el Día de Muertos, una tradición de profundo respeto y homenaje a los seres queridos que nos han dicho adiós. En paralelo, el Halloween estadounidense, en el imaginario colectivo, se ha consolidado como el carnaval definitivo del terror y la diversión.
Hoy, prácticamente a finales de 2026, a esta cultura miscelánea se suma la tecnología. Hemos pasado de cineclubes a hablar de algoritmos predictivos (o de la posibilidad del fin del mundo a manos de las máquinas). Lo curioso es que el instinto persiste: buscamos el ritual, las máscaras, las leyendas; nos buscamos entre nosotros para vivir cierta experiencia de misterio y oscuridad, ya sea desde el entretenimiento o desde la reflexión.

Noche de Halloween 2026: 4 formas en que la IA está transformando el miedo
1. Disfraces y maquillaje: La identidad hiperpersonalizada
Halloween siempre se ha percibido como un espacio liminal, una pausa en las reglas sociales para explorar otras facetas de nuestra identidad. Hasta hace poco, esta exploración estaba limitada a los disfraces clásicos que se producen en todos lados. Pero hoy, la IA, como en muchos ámbitos, nos permite ser nuestros propios directores de arte.
Del prompt al personaje
La IA permite a los usuarios introducir descripciones abstractas –por ejemplo, “un vampiro de la época victoriana pero con estética cyberpunk”–. Así, se pueden obtener más rápidamente conceptos de costura o maquillaje de efectos especiales que antes parecían inalcanzables.
El Efecto Proteo
Jim Blascovich, Nick Yee y Jeremy Bailenson, psicólogos que han abordado el universo de la realidad virtual, definen el Efecto Proteo como el cambio en el comportamiento y la actitud en función del avatar (o el atuendo) que adoptemos.
Es decir, al personalizar una y otra vez un disfraz con ayuda de la tecnología, tenemos la oportunidad de experimentar, aunque sea relativamente, esas pulsiones que –recordemos a Freud– todos llevamos dentro. Y es que cuando una persona cree que se esperan ciertos comportamientos de ella por su disfraz o su apariencia, tiende a obedecer ese estereotipo y se comporta como le dicta la expectativa.
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Entonces, según esta teoría, el disfraz impacta en nuestra confianza y aumenta la desinhibición. Aunque, paradójicamente, la IA no ha eliminado el trabajo físico, al menos no en este caso. La máquina diseña el concepto que tú pensaste y tú eres quien lo materializa mediante costura, varias visitas a la papelería u horas frente al espejo en busca del maquillaje perfecto.

2. Los nuevos cuentos de terror: Narrativas a la medida
¿Por qué a muchos nos atrae lo desconocido, lo tétrico? ¿Será porque reconocemos algo de nosotros en ello? Algunos expertos del género han dedicado mucho de su vida a este misterio; desde la atmósfera angustiante de Amparo Dávila y la crudeza de Horacio Quiroga, hasta el horror contemporáneo de Mariana Enríquez, Stephen King, David Lynch o la monstruosa empatía de Guillermo Del Toro. Todos ellos, junto con incontables artistas, nos han enseñado que el terror no es algo que necesariamente deba evitarse.
En este sentido, el estudio “Playing with fear: A field study in recreational horror”, publicado en Psychological Science, documenta que el disfrute humano puede funcionar como una U invertida: si el estímulo es muy bajo, nos aburrimos; si es excesivo, entramos en pánico. El placer máximo se encuentra justo en la cima de esa curva, en un punto de equilibrio donde el cuerpo experimenta la adrenalina, pero la mente sabe que está a salvo.
Es aquí donde la IA puede hacer la diferencia. Hoy, los anfitriones utilizan modelos de lenguaje para redactar misterios o dinámicas de escape (murder mysteries). A diferencia de un libro o una película –que tienen un ritmo intocable–, la IA actúa como un director de juego que adapta la narrativa en tiempo real, con base en las reacciones de los participantes, calibrando la historia para mantenerlos exactamente en ese punto de placer y miedo.
Pero aunque la tecnología sea la que escriba el guion, la tensión, las miradas cómplices y las risas nerviosas siguen siendo la verdadera esencia de la noche.

3. Atmósferas inteligentes: La neurociencia de la percepción
No hay que olvidar que el miedo es una respuesta fisiológica, y para activarlo ya se puede construir de cero una casa embrujada o un ambiente lúgubre que sólo necesita internet y un sistema inteligente.
Las plataformas de audio potenciadas con IA pueden componer paisajes sonoros en tiempo real que incluyen alteraciones acústicas casi imperceptibles. Por ejemplo, infrasonidos o frecuencias bajísimas que el oído humano apenas registra pero que el cuerpo percibe como una vibración que inquieta.
Si a esto se suman sensores de movimiento que sincronizan luces parpadeantes exactamente en el momento en que alguien cruza un pasillo, la tecnología y la biología se unen y brindan una experiencia difícil de olvidar.
4. Realidad aumentada en la palma de tu mano
Las redes sociales se han convertido en un espacio importante de encuentro, y el terror ha migrado a ellas en diversos matices. A través de la realidad aumentada y los filtros generados por IA, el miedo se vuelve portátil, interactivo e inmediato. Con sólo abrir la cámara del celular, nuestro propio rostro se distorsiona, “aparecen” criaturas en donde estemos o nos volvemos parte de un escenario de película de suspenso.
¿Pero no resultan perturbadores estos efectos? Hay un concepto conocido como “valle inquietante” (uncanny valley), descrito por primera vez en 1970 por Masahiro Mori, experto en robótica. Esta teoría explica la repulsión que sentimos cuando algo tiene apariencia humana, pero todavía podemos detectarle una pequeña y sutil anomalía.
La IA domina esa delgada línea. Al aplicar estos filtros, esa imagen deformada en la pantalla, que somos nosotros y a la vez no, podría interpretarse como otro universo terrorífico que no por eso deja de atraernos. Y, paradójicamente, este abismo no se limita a los monstruos “evidentes” que todos conocemos.
Los filtros de “belleza”, por ejemplo, cambian tanto la cara de alguien que termina por desaparecer, de nuevo, detrás de una máscara. En este sentido, podemos recordar La sustancia (2024), la ya icónica película de horror corporal de Coralie Fargeat, quien muy crudamente critica esta absurda idealización de juventud y estética.

Noche de Halloween 2026: Películas de terror tecnológico
Si tus planes para este Halloween no incluyen fiestas inmersivas ni disfraces hiperpersonalizados, el cine siempre es una buena opción (sea de terror o no). Hay varias historias que exploran este horror tecnológico desde hace tiempo.
Demon Seed (1977)
Décadas antes de los asistentes de voz, este filme exploró el miedo a que una supercomputadora invada el espacio más “seguro”: nuestro hogar.
Unfriended (2014)
Toda la película ocurre en la pantalla de una computadora, abordando cómo la culpa y nuestros defectos nos persiguen en internet. El monstruo es nuestro propio rastro digital.
Ex Machina (2015)
Jugando a ser dioses, unos programadores crean una “conciencia” artificial, pero ésta aprende a manipular, seducir y traicionar porque es exactamente lo que observa en ellos.
Host (2020)
Grabada íntegramente por Zoom y durante la pandemia, un grupo de amigos descubre que la oscuridad y la vulnerabilidad también se cuelan vía wifi.
M3gan (2022)
El horror de delegar afectos, una sátira sobre lo que ocurre cuando le pedimos a un robot que se encargue de cuidar a quienes queremos. La muñeca aterra porque su letalidad no nace de una maldad, sino de una lógica artificial y “práctica”.
afrAId (2024)
Las atmósferas inteligentes pueden ser el peor escenario. Este filme aborda qué sucede cuando una IA, diseñada para administrar nuestra casa, utiliza nuestros datos, rutinas y secretos para controlarnos.
Companion (2025)
¿Amor a la medida? Un inquietante largometraje que explora la obsesión por encontrar a alguien que se adapte demasiado bien a nuestras expectativas… Es decir, un robot. Pero la IA no puede borrar los peores defectos.
Conclusión
La IA no imagina: se alimenta de los millones de textos, imágenes, pesadillas y pasiones que las personas hemos volcado en la web. Es el gran archivo del inconsciente colectivo. Es como si fuéramos el fantasma que vive dentro la máquina.
La tecnología es la fogata moderna alrededor de la cual nos sentamos a pensar y crear. Al final de la Noche de Halloween, cuando el juego o la fiesta termine, cuando se apaguen las pantallas y nos quitemos las máscaras, el propósito prevalecerá: reconocer esta época sombría y lo que implica; celebrar que cada uno guarda cierta oscuridad a su manera.
Pero todos podemos atravesar esa penumbra: no estamos solos.
Conócenos: Universidad Humanitas
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