Motocicletas: ¿movilidad o peligro? es una pregunta que surge con más frecuencia en las ciudades donde el tiempo y el espacio suelen agotarse a la par de las opciones de transporte público eficaz.
En medio del tráfico del día a día, las motocicletas y los medios de transporte tradicionales se han convertido en una alternativa real para miles de personas que buscan un traslado rápido.
Más allá de los prejuicios y la narrativa que suele reducir a las motocicletas —y otros vehículos motorizados y tradicionales— a medios de transporte de riesgo, su uso plantea retos más complejos.
¿El problema es el vehículo o un sistema vial que no contempla la diversidad?
Este artículo propone un análisis sobre el papel de las motocicletas en la movilidad urbana, sus beneficios y sus riesgos reales. Además de analizar las reglas de tránsito, infraestructura y cultura vial en ciudades como la Ciudad de México.
Motocicletas en la movilidad urbana actual
En las grandes urbes, el uso de las motocicletas ha ido incrementando en los últimos años como respuesta a una necesidad creciente por evitar el tráfico y las largas horas de trayecto.
Tan solo en la Ciudad de México, los habitantes pierden hasta 184 horas en el tráfico al año, según el informe del Índice de Tráfico TomTom. Lo que se traduce en aproximadamente unos 7 días perdidos en total.
En el 2025, la capital del país lideró la lista como la ciudad con mayor congestión vehicular a nivel mundial, seguido de Bangalore en India y Dublín en Irlanda.
Asimismo, el auge de las plataformas de delivery y los servicios de transporte alternativos han ampliado el perfil del usuario.
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Por esa razón, el uso de los vehículos motorizados y medios alternativos como la bicicleta, el scooter y vehículos eléctricos, ha ido aumentando como una respuesta a la falta de espacios. Y en un intento por reducir las emisiones nocivas de los automóviles.
Además de representar una opción más económica en cuanto al consumo de gasolina y mantenimiento.
Pero, ¿Cuáles son los peligros de conducir una motocicleta?
Si bien la motocicleta es el medio de transporte ideal para acortar distancias y tiempos, es importante considerar sus riesgos reales.
Parte de ellos están asociados al comportamiento del propio conductor, como el exceso de velocidad o la falta de equipo de protección adecuado.
La ausencia de un casco certificado o equipo de protección corporal ha incrementado de forma significativa la gravedad de los accidentes.
Sumándose la práctica común del manejo entre carriles, que en muchos casos se realiza sin una regulación clara o criterios de seguridad.
Esto no solo coloca al motociclista en una zona de peligro, sino que pone en riesgo a otros conductores.
Sin embargo, centrar el análisis únicamente en la conducta del motociclista solo refuerza el estigma y no permite un estudio crítico.
También existen riesgos externos que aumentan su vulnerabilidad física.
Principalmente cuando hablamos de la interacción entre los automovilistas y el resto de conductores —motociclistas, ciclistas y vehículos compactos— evidenciando la falta de convivencia en el espacio público.
De la misma forma, el transporte pesado y el entorno vial deteriorado también representan una amenaza. Los baches, la mala calidad en la pavimentación y la deficiente señalización, son parte de un problema más grande.
No solo para el motociclista, sino para todos los usuarios de las vías de transporte.

Movilidad en la Ciudad de México
A este panorama que evidencia una estructura vial deficiente, se suma la falta de atención y la improvisación.
En el caso particular de la Ciudad de México, rara vez se discute con profundidad el origen del tráfico y el incremento de accidentes donde los motociclistas se ven involucrados.
Principalmente cuando la infraestructura urbana está pensada casi exclusivamente para el automóvil.
La ausencia de carriles adecuados, cruces seguros y criterios de diseño que consideren la diversidad de vehículos ha dado lugar a soluciones poco planeadas.
Esto ha dado pie a que motociclistas, ciclistas y automovilistas deban adaptarse sobre la marcha, frente a una improvisación en la estructura vial.
Esto no solo incrementa los riesgos, sino que evidencia la falta de una visión integral en la movilidad en una de las ciudades con más densidad poblacional del país.
La ciclovía de Calzada de Tlalpan: ¿Beneficio o imprudencia?
Un ejemplo de esta improvisación en términos de infraestructura y movilidad, es la ciclovía de Calzada de Tlalpan, que surgió como una respuesta acelerada a la necesidad de ofrecer alternativas de movilidad sustentable.
Y aunque su intención es ampliar el espacio a los ciclistas y promover la utilización de medios de transporte no motorizados, su crítica se centra en su implementación apresurada. Además de la falta de estudios públicos integrales para llevarla a cabo.
Más allá del debate sobre su utilidad y permanencia, este caso evidencia una problemática recurrente en la ciudad: proyectos que se construyen desde la urgencia, la fragmentación y la improvisación.
La planeación e implementación de estas “soluciones” no considera la seguridad, diversidad de vehículos o las necesidades reales de todos los usuarios.
En pocas palabras, la infraestructura actual no es capaz de promover una cultura vial que priorice la convivencia sobre la confrontación.
10 puntos básicos de seguridad en una motocicleta
Entonces, en este contexto donde la infraestructura vial no contempla la diversidad, ¿qué medidas de seguridad debe considerar un motociclista para reducir los riesgos? Te compartimos diez puntos básicos:
- Uso de casco certificado.
- Equipo de protección (guantes, chamarra, botas).
- Mejorar la visibilidad (luces, reflejantes, chaleco).
- Conducción predecible.
- Frenado defensivo (manejo defensivo).
- No exceder los límites de velocidad.
- Evitar puntos ciegos.
- Mantenimiento preventivo.
- Mantener distancia de seguridad.
- Capacitación y conciencia vial.
Dentro de los elementos de seguridad más importantes, el uso de cascos de motocicleta certificados para alta seguridad es fundamental.
Al elegir un casco, se recomienda verificar certificaciones reconocidas como DOT, ECE o SNELL para garantizar un mayor nivel de protección.
Según el portal de Ducati Madrid, los criterios clave para elegir un casco incluyen la talla, los materiales de absorción, la aerodinámica y el sistema de cierre.

Vehículos de motor no regulados: ¿Otro peligro?
Con el auge y la introducción de nuevos medios de transporte, la aparición de vehículos motorizados no regulados ha sido cada vez más evidente. Ya no solo se trata de motocicletas como medio de transporte.
Es cada vez más común observar a jóvenes y adultos utilizar scooters y bicicletas eléctricas como medios alternativos.
Aunque su crecimiento acelerado ha abierto una nueva caja de Pandora: vacíos legales y ambigüedad normativa.
Según la SEMOVI (Secretaría de Movilidad), los vehículos motorizados que superen los 25 km/h deberán portar placas, licencia y tarjeta de circulación.
Sin embargo, aunque muchos de estos vehículos superan dicha velocidad, hasta el momento no se han adherido al reglamento.
Asimismo, tampoco se ha definido si estos vehículos pueden o no circular por las ciclovías, ya que se consideran vehículos de motor.
Esto ha provocado que circulen sin cumplir con las reglas básicas de seguridad y movilidad, que hasta el momento sí se exigen a los motociclistas.
Tal como el equipo de seguridad, placas, tarjeta de circulación y llevar a cabo un control vehicular más estricto.
Esto no solo ha provocado conflictos con peatones, ciclistas y automóviles, sino que ha puesto en riesgo a todos los usuarios por la falta de capacitación y equipo.
Motocicleta: ¿Movilidad o peligro?
Considerando todas las variantes anteriores, es importante plantear la siguiente pregunta: ¿La motocicleta realmente representa un peligro?
La respuesta corta es no, sin embargo, es importante analizar las principales razones.
El vehículo no es más peligroso per se, sino que el conductor está más propenso a lastimarse durante cualquier accidente de tránsito.
Ya sea por la falta de protección (carrocería, ausencia de equipo, etc.) o por la inestabilidad provocada por el deterioro de las vías, si lo comparamos con un vehículo de mayor tamaño.
Según cifras de la SEMOVI, en el primer trimestre del 2025 se registraron 111 personas fallecidas en hechos de tránsito, siendo 54 de ellas motociclistas.
Asimismo, la principal causa registrada fueron los choques con otros vehículos, seguido de derrapes provocados por el mal estado de las vías.
Eso indica que el peligro no es el vehículo, sino un sistema incompleto que no considera el uso de vehículos alternativos o tradicionales.
Esto no solo ha propiciado la estigmatización de quienes utilizan estos medios de transporte, sino que ha propiciado un odio infundado que ha tenido consecuencias reales.
Por esa razón, se hace cada vez más clara la necesidad de implementar medidas que garanticen la seguridad de los conductores.
Incluyendo una infraestructura adecuada, jerarquía vial clara y educación vial para todos: automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones. Incluyendo a los nuevos usuarios de medios de transporte alternativos.
Además de reafirmar la importancia de aplicar la ley de forma equitativa.
Conclusión
La seguridad vial no depende únicamente de las decisiones individuales de quienes conducen, sino del funcionamiento de todo el sistema de movilidad.
Cuando faltan reglas claras, infraestructura adecuada y una cultura vial compartida, los riesgos aumentan y suelen recaer en los usuarios más vulnerables.
Entender la seguridad como un esfuerzo colectivo permite dejar de buscar culpables y empezar a pensar en soluciones que beneficien a todas las personas que usan la vía pública.
En ese sentido, la motocicleta como medio de transporte no es un problema en sí misma, sino una herramienta de movilidad eficiente frente a ciudades cada vez más congestionadas.
Para que su uso sea seguro, es indispensable avanzar hacia una movilidad más empática, mejor regulada y con espacios diseñados para convivir.
Apostar por una aplicación equitativa de la ley no solo protege a quienes usan motocicletas, sino que contribuye a construir ciudades más seguras y funcionales para todos.

2 respuestas
Me gustó mucho el articulo y si, sin duda somos un país que carece de cultura vial, y de infraestructura adecuada, día a día vemos una constante “prisa” como si estuviéramos en una competencia de quien llega más rápido usando la via publica a nuestra conveniencia poniendo en riesgo, al automovilista, motociclista, peatón, etc. La motocicleta para mí no es el problema, como conductor, ¿uso las medidas de seguridad que requiero para que mi trayecto sea seguro? ¿respeto las normas de tránsito? ¿utilizo la vialidad que me corresponde? este articulo me hace reflexionar que la seguridad vial no depende solo del tipo de vehículo que usamos, sino de la conciencia y responsabilidad con la que ocupamos un espacio público. A veces se nos olvida que detrás de cada volante, manubrio o paso peatonal hay una persona con familia esperando en casa
Hola, Esmeralda:
Gracias por tomarte el tiempo de leer y compartirnos tu reflexión. No se trata de reforzar la rivalidad en la vía pública, sino de construir, a partir de nuestras propias acciones, una convivencia que procure nuestra seguridad y la del resto, desde la comprensión. Nos encanta lo que mencionas: detrás de cada volante, manubrio o paso peatonal hay una persona con historia, con familia, con alguien esperándole en casa. Cuando recordamos eso, la prisa pierde sentido y la empatía toma el volante.
Gracias por sumar a la conversación con esta mirada tan consciente. (Desde la Redacción Humanitas, nuestra colaboradora Bárbara Ojeda).