Tipos de terapias psicológicas: Guía de métodos y técnicas

El autoconocimiento está lleno de matices que definen quiénes somos y cómo nos relacionamos. Por ello, cuidar nuestra salud mental es una necesidad que implica reconocer y considerar los tipos de terapias psicológicas.

Paramos de que no existe una única forma de sanar o crecer, y por eso el gran campo de la Psicología nos ofrece diversas herramientas que se adaptan a cada persona para que los desafíos, por más particulares o complejos que sean, puedan ser una oportunidad.

Te invitamos a explorar algunos enfoques de la terapia contemporánea. Descubre cuál de estos modelos se vincula más a ti y cómo, a través del conocimiento, puede formarse una comunidad más consciente y sensible.

¿Qué es la psicoterapia?

Uno de los grandes mitos de la terapia es que ha llegado a considerarse como un simple desahogo ante alguien que escucha; sin embargo, es un proceso clínico, serio y humano, creado para revolucionar perspectivas.

La psicoterapia es un espacio sobre todo colaborativo en el que un profesional capacitado utiliza modelos o herramientas certificadas para ayudar a alguien a identificar patrones de conducta, resignificar experiencias o potenciar sus capacidades. Y no se trata de “curar” un malestar, más bien se aprende a descifrar o desmenuzar emociones para enfrentar los retos y disfrutar las alegrías con mayor claridad y propósito.

Invertir en terapia es, en esencia, querer una mejor vida. Al atender nuestra salud mental, desarrollamos habilidades que impactan directamente en nuestra productividad, en nuestros vínculos y en la relación con nosotros mismos. Desde esta perspectiva, la terapia puede convertirnos en alguien que, consciente de su propia historia y aceptándose en su completitud, busque y encuentre su propio bienestar.

Uno de los tipos de terapia es el Psicoanálisis, que busca que el paciente reconozca sus emociones reprimidas en el inconsciente.

Principales corrientes y métodos de terapia

Psicoanálisis

Si alguna vez has sentido que tus reacciones o emociones tienen una raíz más profunda de lo que parece, el Psicoanálisis se encarga de explorar ese misterio. Este enfoque no busca corregir una conducta, sino que funciona más como una investigación en los aspectos inconscientes que dictan los sentimientos y, por lo tanto, las acciones y las relaciones.

El Psicoanálisis, se centra en el origen del síntoma, no sólo en el síntoma actual en sí, lo que hace que el proceso terapéutico sea más largo; Además, en sus bases se encuentra la técnica de la asociación libre, en la que se invita al paciente a dejar fluir sus pensamientos sin filtros ni juicios. El psicoanalista, con escucha atenta y distancia, ayuda al paciente a interpretar lo que dice para descifrar su inconsciente.

El padre de esta corriente psicológica es Sigmund Freud, aunque su precursor fue Josef Breuer, el médico que estableció que el oído era fundamental en la regulación del equilibrio.

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Posteriormente, gracias a las observaciones de Freud, se desarrollaron estudios importantes, como la teoría de las relaciones objetales, que trataron Melanie Klein y Donald Winnicott; sin embargo, Carl Jung fue uno de sus colaboradores más sobresalientes, principalmente porque después siguió su camino de manera más independiente, aunque paralelo a las ideas freudianas.

Es normal que se llegue a una confusión entre estos profesionales, pero hay ciertas distinciones clave.

Un psicólogo cuenta con una formación integral que se enfoca, principalmente, en procesos y comportamientos conscientes, utilizando herramientas estructuradas, como las pruebas psicométricas. Por otro lado, un psicoanalista se especializa en el estudio del inconsciente, y mientras el primero pretende alcanzar objetivos concretos y medibles, el segundo se adentra en la psique del individuo, usando el diván como un apoyo que facilita esa conexión natural con lo más escondido de su mente.

Terapia cognitivo conductual (TCC)

A diferencia del Psicoanálisis, es un modelo que se guía más por la practicidad, el dinamismo y las dificultades actuales o diarias del paciente. La finalidad de la TCC es cambiar el pensamiento para que, a su vez, cambien la conducta y los sentimientos. 

Con base en esto, se parte de la premisa de que muchas problemáticas de adaptación ante ciertas situaciones no nacen de los eventos en sí, sino de las distorsiones o patrones de pensamiento que se desarrollan sobre ellos. Al identificar estas ideas poco convenientes y sustituirlas por perspectivas más realistas y saludables, se consigue un impacto directo en las emociones y las acciones.

Debido a que tiene más estructura, la terapia cognitivo conductual puede ser muy fructífera para casos de depresión, ansiedad, trastornos alimenticios o fobias.

Hoy en día, la TCC ha evolucionado y gracias a ella han surgido nuevos modelos de apoyo psicológico, como las terapias Dialéctico Conductual (TDC) y de Aceptación y Compromiso (ACT, por sus siglas en inglés), así como la Psicoterapia Analítico Funcional.

El psiquiatra estadounidense Aaron Temkin Beck es considerado el creador de la Terapia Cognitiva Conductual, la cual surgió cuando él buscaba una manera de solucionar la depresión con base en el Psicoanálisis. Al no encontrar una respuesta favorable en los estudios del inconsciente, el doctor Beck comenzó a experimentar y a categorizar los pensamientos de los pacientes para que ellos, al distinguirlos como negativos o inconvenientes, pudieran abordarlos de manera más práctica y realista.

Una de las vertientes de la terapia sistemática es la terapia de pareja y los patrones que una persona haya mantenido en sus relaciones.

Terapia Gestalt

Este enfoque humanista no toma tiempo porque no se asoma al pasado ni se angustia por el futuro: Su objetivo es el aquí y el ahora, pues lo considera como el único momento existente y, por lo tanto, el único en el que realmente se puede generar un cambio.

La terapia Gestalt se basa en una autenticidad absoluta y una empatía sincera entre profesional y consultante, pues de esta manera se crea un trabajo en equipo en el que no hay juicios, sólo un acompañamiento genuino que permite al paciente bajar la guardia. Además, al concentrarse en lo que siente en el momento exacto, la persona alcanza una mayor claridad sobre sus necesidades y emociones.

Una de las mayores virtudes de la Gestalt es su apertura ante personas de cualquier edad que busquen no sólo resolver conflictos, sino continuar con su crecimiento personal. Así, se deja de lado la idea cerrada y tradicional de que a cierta edad se acaban los nuevos comienzos y las oportunidades.

La terapia Gestalt también se conoce como Psicología de la Forma porque gestalt es un término alemán que significa “estructura”, “configuración” o, precisamente, “forma”. Su fundador fue Max Wertheimer, quien estableció la idea de que los humanos percibimos las cosas como estructuras, no como objetos individuales. Por ello, el objetivo es de esta corriente es la percepción que tiene alguien del mundo y, por lo tanto, su actuar ante él.

Terapia breve estratégica

Poniendo en el centro la eficiencia y la rapidez, este modelo psicológico —creado por Paul Watzlawick y Giorgio Nardone— busca demostrar que por más traumático y doloroso que haya sido un evento, éste no tiene que durar años ni ser difícil de procesar y superar.

En alrededor de 20 sesiones, el terapeuta ayuda al paciente a eliminar las conductas disfuncionales que impiden su bienestar. De hecho, lo que le da nombre a la terapia breve estratégica es precisamente ver los síntomas como algo que no sirve, como un obstáculo que necesita retirarse para que el individuo avance. El enfoque es tan concreto o específico que puede afinarse con precisión para abordarlo y resolverlo prontamente.

Terapia sistémica

La premisa de este enfoque es que ninguno de nosotros es una isla. A pesar de que sus orígenes se encuentran en el ámbito familiar —idea establecida por Carl Rogers en su libro The clinical treatment of the problem child—, lo ha trascendido, ya que analiza al individuo como parte fundamental de otros sistemas, ya sea romántico, amistoso, laboral o académico.

El objetivo de la terapia sistémica es comprender las dinámicas de comunicación y los patrones de interacción que han marcado sus relaciones. Esto, a su vez, nos recuerda que nuestras acciones, inevitablemente, impactan en quienes nos rodean o en quienes son parte de nuestra vida.

En este sentido, su efectividad es ideal para transformar la convivencia y resolver conflictos desde la raíz. Puede gestionarse en sesiones individuales o grupales y enseña a transitar cada entorno con mayor consciencia y empatía, ajustando cada aspecto de los vínculos sociales para que funcionen armónicamente.

La terapia neuropsicológica busca que las personas con una lesión o enfermedad cerebral recuperen habilidades.

Terapia neuropsicológica

También conocida como intervención neuropsicológica, se centra en apoyar a personas que han sufrido alguna lesión cerebral o que tienen alteraciones cognitivas y funcionales por una enfermedad. Suele incluir sesiones de terapia cognitivo conductual, pues el traumatismo o el padecimiento pueden derivar en conductas desadaptativas.

En este modelo, a través de varias pruebas, se evalúa al individuo para identificar las consecuencias del daño y, tras describirlas, se definen los objetivos y se aplican las técnicas o estrategias de rehabilitación, siempre considerando el estado y las habilidades conservadas del paciente. Después, se documenta el avance, se hace una valoración médica y se observa si la persona es capaz de aplicar lo aprendido en su día a día. 

Esta terapia normalmente trata complicaciones en áreas como la atención, la memoria, funciones ejecutivas, visoconstructivas o en la lectoescritura, entre otras.

Quien acuñó el término neuropsicología fue Alexander Romanovich Luria, médico ruso que comenzó a cuestionar la idea de que el cerebro debía estudiarse como un órgano aislado y no como una parte que, por estar en el humano, está directamente relacionado con cómo éste se comporta.

¿Cómo elegir un modelo de psicoterapia?

Elegir cómo quieres llevar tu terapia es tan personal como la preferencia por una licenciatura o un proyecto de vida. El primer paso es ser honesto contigo mismo: ¿buscas herramientas prácticas para enfrentar algo inmediato o siempre has querido saber dónde nacen tus impulsos?

Si eres una persona estructurada y como tal te motivan los resultados concretos, la terapia cognitivo conductual podría ser para ti; si buscas significado, presencia y una reconexión con tu potencial, la Gestalt te recibiría con los brazos abiertos. La verdad es que no hay un camino equivocado, pero sí uno más adecuado y leal a tu historia.

Más allá de los tecnicismos de cualquier corriente, la alianza terapéutica —esa química, confianza, seguridad y empatía que generas con quien te escuche— es el factor que más influye en el éxito del proceso. No temas investigar en la primera sesión: no sólo el psicólogo puede hacer preguntas, tú también.

Sentirte escuchado, respetado y comprendido es la base sobre la cual irás construyendo una nueva realidad, aunque sea poco a poco. La terapia es un espacio diseñado por y para ti.

Tras la pandemia, la psicoterapia se adaptó al formato online, sobre todo por el aumento de trastornos depresivos y de ansiedad.

Conclusión

Ir a terapia no es una señal de fragilidad y tampoco debería ser un tabú. En realidad, es una de las decisiones más inteligentes y nobles que se toman por uno mismo. Ir a terapia quiere decir que comienzas a reconocer quién eres, todo lo que has vivido, todo lo que te ha marcado, y has elegido pedir ayuda para valorarte, sanar y ser mejor persona en cualquier ámbito, pero sobre todo contigo.

Ir a terapia significa que decidiste atreverte a cambiar, y cambiar nunca es sencillo, salir de la zona de confort nunca es sencillo: implica que buscas convertirte en alguien toma acción para aprender, crecer y salir adelante.

Conócenos: Universidad Humanitas
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