Hipomanía: Qué es, síntomas y su papel en el trastorno bipolar

Aunque parece productividad o entusiasmo, la hipomanía es signo de una alteración psicológica, y comprender su naturaleza es esencial para la evaluación y el diagnóstico de afectaciones más complejas, como el trastorno bipolar. 

Abordar sus características con una perspectiva abierta y libre de prejuicios es una manera efectiva de fortalecer la detección temprana y garantizar un acompañamiento terapéutico que garantice tranquilidad.

Hipomanía: Definición clínica

De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA), un episodio hipomaniaco se define como “un periodo de estado de ánimo anormal y persistentemente elevado, expansivo o irritable, y un aumento anormal y persistente de la actividad o la energía”

Para que sea considerado un episodio hipomaniaco como tal, tiene que durar, como mínimo, cuatro días seguidos, además de estar presente en la mayor parte del día, casi todos los días.

Hipomanía y su diferencia de un episodio maniaco

Aunque comparten rasgos, la hipomanía y la manía difieren en intensidad y repercusión.

Inexistencia de síntomas psicóticos

A diferencia de un episodio maniaco, la hipomanía nunca va acompañada de delirios o alucinaciones. Si aparecen síntomas psicóticos, el diagnóstico cambia a manía.

Menor impacto

Según el DSM-5, los episodios hipomaniacos generan cambios perceptibles en el entorno de la persona, pero no lo suficientemente graves para afectar todo su ámbito social, académico o laboral. Además, no requieren hospitalización porque no se considera que el paciente pueda dañarse a sí mismo o a otros.

No obstante, la APA señala que síntomas como el aumento de irritabilidad, el nerviosismo o la agitación después del uso de antidepresivos “no se consideran suficientes para el diagnóstico de un episodio hipomaniaco”.

A diferencia de un episodio maniaco, la hipomanía no implica síntomas psicóticos.

Hipomanía: principales síntomas

Para argumentar que una persona se encuentra en un periodo hipomaniaco, es necesario observar un conjunto de cambios conductuales, cognitivos y emocionales que se distancian de su conducta o personalidad habitual. Los síntomas más frecuentes, de acuerdo con el DSM-5, son:

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Disminución de la necesidad de sueño

La persona se siente descansado y con mucha energía aunque haya dormido muy poco, menos de cinco horas.

Ideas de grandiosidad

Surge una confianza desmedida por las capacidades propias. Esto suele ir acompañado de ideas demasiado ambiciosas o de la realización de proyectos simultáneos, pues el sujeto considera que su alcance no tiene límites.

Pensamiento acelerado y verborrea

Se presenta una fluidez verbal tan amplia que la persona incomoda a otros y es difícil de interrumpir; esto se debe a que viven una “experiencia subjetiva” de que los pensamientos van a gran velocidad.

Aumento de la actividad dirigida a metas

Hay una participación excesiva en planes laborales, recreativos o académicos. Puede llegar al punto de asumir compromisos por encima de sus verdaderas posibilidades.

Fácil distracción

Es común que se dé cierta dificultad para filtrar estímulos irrelevantes, por ello se puede cambiar de una tarea a otra sin finalizar ninguna.

Conductas peligrosas

El paciente se involucra en actividades que muy probablemente tendrán consecuencias negativas; puede ir desde gastos imprudentes hasta decisiones sexuales impulsivas.

Uno de los síntomas de la hipomanía, y por lo que se ignora, es una productividad demasiado alta.

La relación entre hipomanía y trastorno bipolar

Para comprender el origen de estas alteraciones, es crucial analizar el significado de la bipolaridad. En términos estrictos, hace referencia a la coexistencia de dos polos emocionales opuestos: el expansivo (manía o hipomanía) y el depresivo.

La hipomanía es el eje distintivo del trastorno bipolar tipo 2. En éste, la persona experimenta al menos un episodio de hipomanía a lo largo de su vida, combinado con uno o más episodios depresivos mayores, y a diferencia del Tipo 1, no se presenta un episodio maniaco completo.

Además, ya que el estado hipomaniaco puede experimentarse como una fase de alta productividad y bienestar, es común que la persona acuda a consulta sólo durante las fases de depresión, lo que suele derivar en diagnósticos iniciales erróneos.

Trastorno bipolar tipo 2

Si bien el trastorno bipolar tipo 2 puede manifestarse al final de la adolescencia, la edad promedio suele ser a mediados de los 20. Según el DSM-5, es común que el cuadro clínico comience con una fase depresiva, por lo cual la confirmación de bipolaridad tipo 2 surge con el primer episodio hipomaniaco.

La detección puede retrasarse por la presencia de ansiedad, el consumo de sustancias o trastornos alimentarios. Asimismo, es frecuente que los pacientes atraviesen diversos periodos de depresión antes de experimentar su primer episodio de hipomanía.

Riesgo de suicidio

De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5, el riesgo de suicidio es mayor en el trastorno bipolar tipo 2

Aunque la tasa de prevalencia es similar entre ambos tipos, y a pesar de que se ha establecido que el Tipo 1 es más agudo debido a los episodios maniacos, la letalidad de los intentos es mayor en los pacientes con Tipo 2, ya que sus métodos implican más violencia

Esto puede deberse a un aspecto genético o a que los episodios depresivos son más intensos y profundos.

La hipomanía, como parte del trastorno bipolar tipo 2, puede requerir una perspectiva integral de Psicología y Psiquiatría.

Importancia del diagnóstico

Al abordar la hipomanía o el trastorno bipolar, el objetivo no es limitar la vitalidad ni la creatividad, sino estabilizar los ritmos biológicos y emocionales para prevenir complicaciones severas, como las fases depresivas profundas. Por ello, un plan de tratamiento integral combina las perspectivas de la Psicología y de la Psiquiatría.

Intervención psiquiátrica

El médico psiquiatra evalúa el contexto del paciente para saber si es conveniente prescribir estabilizadores que regulen la neuroquímica y mitiguen la fluctuación extrema de los episodios.

Terapia cognitivo-conductual

Con la TCC, la persona aprende a identificar los desencadenantes de un episodio hipomaniaco, reestructurar pensamientos y desarrollar estrategias de afrontamiento.

Terapia de ritmos interpersonales y sociales

Este método, desarrollado por la doctora Ellen Frank, de la Universidad de Pittsburgh, se enfoca en estabilizar la rutina del paciente: horarios de sueño, patrones de alimentación e interacción. El objetivo es mantener siempre un balance, ya que la falta de equilibrio se considera un factor de recaída.

Psicoeducación

El prejuicio y la desinformación se han convertido en estigmas, y la psicoeducación es una herramienta para enfrentarlos, pues con ella el paciente y su red de apoyo comprenden la naturaleza de la condición. 

Además, al brindarles datos sobre la enfermedad, el diagnóstico y el abordaje, la psicoeducación fortalece la adherencia al tratamiento, ya que cultiva la empatía de los familiares del paciente y la de él consigo mismo.

Referentes en el estudio de la hipomanía

Emil Kraepelin

Considerado el padre de la psiquiatría moderna, a principios del siglo XX introdujo el concepto de “locura maniaco-depresiva”, sentando las bases conceptuales para distinguir los trastornos del estado de ánimo.

Hagop Akiskal

Fue pionero en la conceptualización del espectro bipolar. Sus investigaciones demostraron que la hipomanía y los temperamentos emocionales no siempre se presentan de forma aislada, sino dentro de un continuo clínico.

Sus grandes aportes comenzaron con el artículo “Trastornos depresivos: hacia una hipótesis unificada”, escrito junto a William McKinney y publicado en 1973 por la revista Science. Además, estableció una de las primeras clínicas de trastornos del estado de ánimo en Estados Unidos, en la Universidad de Tennessee.

Jules Angst

En 1966, junto con Carlo Perris, demostró que los trastornos unipolares (depresión mayor) y bipolares son entidades clínicas, genéticas y evolutivas distintas, lo cual fracturó la teoría de Kraepelin. 

Además, desarrolló la Escala de Evaluación de Hipomanía (HCL-32), una de las herramientas de más útiles y utilizadas en la práctica.

Frederick K. Goodwin

En colaboración con la reconocida psicóloga Kay Redfield Jamison, desarrolló Manic-Depressive Illness, el tratado de referencia que consolidó las bases del diagnóstico del episodio maniaco depresivo y sus variantes en la psiquiatría contemporánea.

Eduard Vieta

El actual jefe del servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona, es considerado uno de los referentes líderes en el trastorno bipolar tipo 2, la psicoeducación y la prevención de recaídas.

Entre sus publicaciones más relevantes se encuentran “Genomics yields biological and phenotypic insights into bipolar disorder”, editado por la reconocida revista Nature.

Conclusión

La salud mental jamás se ha tratado de una batalla entre tristeza y alegría. Más bien es una red de aspectos neuroquímicos, emocionales y contextuales que son profundamente complejos, y quizá sea justamente esa complejidad la que nos lleva a referirnos a la salud mental sólo como un concepto.

La sociedad siempre ha preferido la felicidad, el optimismo –los miles de libros de autoayuda y su éxito son evidencia–, pero manifestaciones como la hipomanía, y tantas otras alteraciones emocionales o cerebrales, nos demuestran que la mente humana no es sencilla. La salud mental no se procura ni se conserva con frases motivacionales que en realidad están vacías. 

Reconocer esto no necesariamente es “pesimismo”: aceptar la complejidad de la mente humana y sus expresiones es quitarnos la carga de una expectativa irreal que no nos permite crecer ni cuidar plenamente de otros y de nosotros mismos.

Quizá hay que empezar a detenernos cuando vemos a alguien actuar distinto, preguntarle cómo está, sostener el diálogo, y de ser posible, ayudar o buscar ayuda. Escucharnos y escuchar sin predisposición, sin la necesidad de corregir lo que sentimos o lo que sienten otros.

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