Hoy en día, enfrentamos un mundo de estímulos incesantes, prisa, incertidumbre. La calma parece un lujo, y uno muy lejano. ¿Pero qué tal si la tranquilidad no es necesariamente un obsequio del entorno, sino una virtud que se puede cultivar? ¿Qué puede enseñarnos una filosofía de hace miles de años sobre la paz mental del hoy? ¿Qué puede cambiar si abro un libro en medio de todo este ruido, que parece una parte intrínseca de la modernidad? Sorprendentemente, mucho, si se quiere.
Por lo general, la Filosofía se ve como algo “inútil”, sobre todo porque es algo que no en todos los casos significa dinero, por eso suele abandonarse en los libros, olvidarse en el polvo. Sin embargo, aunque no se traduzca en algo material, lo que implica saber, pensar, reflexionar sí puede traducirse en un impacto en la perspectiva y en la conducta. Parece algo obvio, pero la realidad es que no cualquiera cuestiona su vida para cambiarla; de hecho, no cualquiera lo intenta.
En este sentido, el estoicismo no sólo invita a pensar, sino también a actuar. Al aplicar sus principios en nuestros días, aunque sea poco a poco, se enfrenta la realidad, no se evade. En esencia, esta escuela filosófica se trata de observar y reconocer dónde está nuestro control y dónde no. Y saber aplicar esto no es un mero ejercicio intelectual: puede ser una estrategia en cualquier ámbito, personal o profesional.
¿Qué es el Estoicismo?
Fundada por Zenón de Citio –un pensador que vivió en Atenas alrededor del 300 a.C. tras un naufragio–, esta corriente de la Filosofía comenzó a desarrollarse a través de conversaciones y debates en el llamado Pórtico Pintado (Estoa Pecile), lugar que terminó dándole su nombre. Y aunque Zenón no dejó una gran obra como tal, algunos de sus seguidores, como Crisipo, se encargaron de transmitir sus reflexiones.
El sistema del Estoicismo se constituye de tres pilares: lógica, física y ética. Estas tres se interrelacionan y se representan con precisión en una importante frase de Zenón: “El pensamiento debe ser más fuerte que la materia, y la voluntad, más poderosa que el sufrimiento físico o moral”.
En la primera parte de esta máxima encontramos la esencia del Estoicismo: “El pensamiento debe ser más fuerte que la materia…” De acuerdo con los estoicos, el ser humano se compone de alma (razón) y cuerpo (materia), y la virtud está precisamente en priorizar siempre la razón. Por ello, lo importante no es cuánto se tiene, sino qué se hace con lo que ya se tiene, cómo se actúa con eso.
Mientras que en la segunda parte –“y la voluntad, más poderosa que el sufrimiento físico o moral”– hace referencia al libre albedrío, a la capacidad humana de elegir cómo responder internamente pese a lo que sucede externamente. En este sentido, para los estoicos, cualquier malestar, más que lamentarse o negarse, puede aprovecharse como una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

Resiliencia ante la adversidad: Convertir el obstáculo en camino
Cuando Zenón profesaba “vivir conforme a la naturaleza”, se refería a vivir conforme a lo que eres, independientemente de lo que sucede afuera. En otras palabras, para los estoicos, vivir es aceptar que somos seres racionales y sociales, por ello tenemos la responsabilidad de usar la razón para alcanzar una prosperidad individual y, por lo tanto, comunitaria.
Asimismo, es entender que no todo está en nuestras manos, que todo sucede por algo. ¿Entonces rebelarse ante lo inevitable, lamentarlo incansablemente, tiene sentido o sólo trae sufrimiento? ¿Cuánto tiempo puede afectarnos una situación que ni siquiera podemos cambiar?
Campos requeridos*
Lo único que verdaderamente podemos controlar es nuestro juicio, y nuestro juicio se gestiona con la virtud de la razón. A veces uno quisiera evadir situaciones difíciles, pero algo que nos enseña el Estoicismo es que eso es imposible: los conflictos o las incomodidades seguirán, y tarde o temprano tienen que reconocerse y asimilarse. Es la única manera de seguir adelante. Es ahí donde se encuentra una transformación profundamente personal: la resiliencia.
Con esto en mente, podemos concluir que un desafío, por más duro o complejo que sea, puede ser ese impulso que siempre se necesitó o ese cambio al que nuestra vida estaba inevitablemente destinada. Y no debe olvidarse que todo cambio implica crecimiento.
Frases estoicas, un remedio clásico para la modernidad
Como ya se ha mencionado, el Estoicismo no sólo significaba teorizar, pues invitaba a realizar prácticas simples que inmediatamente cambian la perspectiva, como imaginar contextos en los que no se tuviera lo que se tiene para cultivar la gratitud y apreciar el presente; honrar la sencillez de uno mismo y sus bienes, así como analizar los errores y aciertos del día para asimilar lo positivo y lo negativo, y, a su vez, distinguir entre lo que fue negativo por decisión propia y lo que fue negativo por razones ajenas.
En este punto ya hemos comprendido que esta filosofía puede adaptarse perfectamente a la actualidad; sin embargo, se necesita voluntad, una sola decisión, por lo que buscamos impulsar la motivación en estas frases y autores célebres del Estoicismo.
Zenón de Citio
“El hombre conquista el mundo al conquistarse a sí mismo.”
“Ningún mal es honorable, pero la muerte es honorable, por lo tanto, la muerte no es malvada.”
Epicteto
“Podrás amenazarme, encadenarme, encerrarme o exiliarme. Pero yo te recuerdo que ni Zeus podría quitarme el poder de decidir mi actitud.”
“¿Quién es invencible? Aquél que no puede ser perturbado por nada que está fuera de su elección.”
“Si quieres mejorar, conténtate con que te consideren tonto.”
Séneca
“Nadie tiene el poder de tener todo lo que desea, pero está en sus manos no querer lo que no tiene y utilizar con entusiasmo, de la mejor manera, lo que sí.”
“Quien le tenga miedo a la muerte no hará cosas dignas de quien está vivo.”

Meditaciones, de Marco Aurelio: frases para encontrar orden y armonía en el caos
La última etapa del Estoicismo fue el Estoicismo Romano, alrededor del siglo I a.C. al siglo II d.C., y el emperador Marco Aurelio fue uno de sus mayores representantes, especialmente con su obra Meditaciones, que en realidad eran reflexiones o pensamientos privados, pues su título original en griego, Τὰ εἰς ἑαυτόν, literalmente quiere decir “cosas para sí mismo”.
No obstante, las meditaciones de Marco Aurelio, así como en el caos interno que probablemente él vivió, pueden ser útiles para encontrar fuerza en el caos actual.
“no dirigir la mirada a ninguna otra cosa más que a la razón, ni siquiera por poco tiempo […] ser siempre inalterable, en los agudos dolores…”
“no haber dado nunca la impresión de cólera ni de ninguna otra pasión, antes bien, el ser el menos afectado por las pasiones y a la vez el que ama más entrañablemente […] el elogio, sin estridencias; el saber […] sin alardes.”
“aversión a criticar; el no reprender con injurias a los que han proferido un barbarismo, solecismo o sonido mal pronunciado, sino proclamar con destreza el término preciso que debía ser pronunciado, en forma de respuesta, o de ratificación o de una consideración en común…”
“no dar poca importancia a la queja de un amigo, aunque casualmente fuera infundada, sino intentar consolidar la relación habitual; el elogio cordial…”
“el dominio de [uno] mismo y no dejarse arrastrar por nada; el buen ánimo en todas las circunstancias y especialmente en las enfermedades; la moderación de carácter, dulce y a la vez grave; la ejecución sin refunfuñar de las tareas propuestas…”
“firmeza serena en las decisiones profundamente examinadas. El no vanagloriarse con los honores aparentes; el amor al trabajo y la perseverancia; el estar dispuesto a escuchar a los que podían hacer una contribución útil a la comunidad.”
“La experiencia para distinguir cuándo es necesario un esfuerzo sin desmayo, y cuándo hay que relajarse.”

Conclusión
El Estoicismo nos confronta y nos invita a cambiar nuestra mirada, y de cierta manera puede devolvernos aquello que hemos perdido poco a poco gracias a la tecnología y las redes sociales: nuestra voluntad y la capacidad de elegir cómo actuar ante las adversidades.
Tampoco se trata de ocultar la vulnerabilidad, eso no sería vivir conforme a la naturaleza humana, pero sí pueden nutrirse un carácter y una entereza que nazcan de saber distinguir, con honestidad, qué batallas dependen de mí y cuáles simplemente pertenecen al curso del mundo.
Quizá podría hablarse de libertad estoica al cultivar y compartir una vida sencilla, noble, con integridad y comprensión para enfrentar desafíos, viéndolos no como un muro que detiene para siempre, sino como uno que necesitamos romper para seguir avanzando y llegar a otro lado, un destino mejor.
Hoy, antes de volver al ruido cotidiano, antes de querer evadir la realidad con scrolling y videos, pausa un momento y reflexiona: ¿en qué no quieres pensar? ¿Qué retos estás enfrentando? ¿Realmente son tus retos o no tienes control sobre ellos? Deja ir lo que es mejor que dejes ir. Permite que lo demás fluya porque permitir que fluya es lo único que puedes hacer.
Conócenos: Universidad Humanitas
Te puede interesar: Nietzsche para la Generación Z: Filosofía para cuestionar todo lo que sabes

