¿Tienes un examen pronto? Seguramente te preguntarás ¿cuáles son las 7 mejores técnicas de estudio? Porque estudiar durante horas no siempre significa aprender mejor.
Podemos pasar una tarde completa leyendo apuntes, subrayando páginas y repitiendo conceptos, pero ¿cuánto de esa información podremos recordar unos días después?
La respuesta no consiste en encontrar un método mágico que funcione para todas las personas. Cada materia, objetivo y estudiante puede requerir estrategias diferentes. Sin embargo, existen técnicas que pueden ayudarnos a comprender, organizar, recuperar y conservar mejor la información.
Para entender por qué algunas estrategias pueden ser más efectivas que otras, primero necesitamos conocer un poco sobre cómo funciona nuestra memoria y qué ocurre en el cerebro cuando aprendemos.
¿Cómo funciona la memoria cuando aprendemos?
Aprender no consiste simplemente en introducir información en nuestro cerebro como si se tratara de guardar un archivo en una computadora. El aprendizaje implica distintos procesos. Entre ellos, prestar atención, interpretar información y establecer conexiones. Posteriormente somos capaces de conservar aquello que aprendimos.
De manera muy simplificada, podemos pensar en cuatro momentos:
Atención, codificación, consolidación y recuperación.
Primero necesitamos prestar atención a la información. Después, nuestro cerebro la procesa y codifica. Con el tiempo, y mediante diferentes procesos, esa información puede consolidarse en la memoria. Finalmente, cuando necesitamos utilizarla, tenemos que ser capaces de recuperarla.
Esta última parte es especialmente importante para estudiar. Recordar activamente una información también puede formar parte del proceso de aprendizaje.
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Esta acción, forma parte de las 7 mejores técnicas de estudio que veremos más adelante.
¿Dónde se almacenan nuestros recuerdos?
Una pregunta frecuente es ¿en qué parte del cerebro se guarda lo que aprendemos?
Y la respuesta es más compleja de lo que parece.
Los recuerdos no se almacenan en una única zona del cerebro. Diferentes regiones participan en su formación, consolidación y recuperación.
El hipocampo, ubicado en el lóbulo temporal medial, desempeña un papel fundamental en la formación de nuevos recuerdos. Particularmente en aquellos relacionados con hechos y acontecimientos. Sin embargo, la memoria involucra también distintas regiones de la corteza cerebral y otros sistemas neuronales.
Por eso, es más adecuado hablar de redes cerebrales relacionadas con la memoria que de un único lugar donde se “guardan” nuestros conocimientos.
Además, recordar no significa reproducir exactamente una copia de lo ocurrido. La memoria es un proceso dinámico en el que intervienen nuestras experiencias, conocimientos previos y el contexto en el que recuperamos la información.
¿Cuánto tiempo dura lo que aprendemos?
No existe una cantidad de tiempo determinada que indique cuánto durará un aprendizaje. Algunos recuerdos pueden permanecer durante décadas, mientras que otros desaparecen rápidamente si no volvemos a utilizarlos.
Uno de los primeros investigadores que estudió experimentalmente este fenómeno fue el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus, cuyos trabajos sobre la memoria ayudaron a comprender cómo olvidamos la información después de aprenderla.

¿Qué dijo Hermann Ebbinghaus sobre la memoria?
A finales del siglo XIX, Hermann Ebbinghaus comenzó a estudiar la memoria de manera experimental. Para hacerlo, utilizó combinaciones de sílabas sin significado, conocidas como sílabas sin sentido, con el objetivo de reducir la influencia de conocimientos previos.
A partir de sus experimentos observó un fenómeno que posteriormente se representó mediante la conocida curva del olvido. Después de aprender información nueva, la cantidad que recordamos puede disminuir rápidamente, especialmente durante las primeras horas y días.
Pero también encontró algo importante: la repetición podía favorecer la retención de la información.
Esto ayuda a comprender por qué estudiar todo un tema una sola vez justo antes de un examen no necesariamente produce un aprendizaje duradero. En cambio, distribuir las sesiones de estudio y recuperar la información varias veces puede ayudar a fortalecer su recuerdo.
Más de un siglo después de los experimentos de Ebbinghaus, la investigación sobre aprendizaje y memoria ha continuado desarrollando y matizando estos principios.
Entre las estrategias que han recibido especial atención se encuentran la práctica de recuperación y la práctica distribuida o espaciada. Dos de las que hoy son consideradas las 7 mejores técnicas de estudio.
¿Cuáles son las 7 mejores técnicas de estudio?
No existe una técnica que sea universalmente superior para todas las personas y materias.
Algunas estrategias son especialmente útiles para memorizar, otras para comprender, organizar información o administrar el tiempo.
Estas son siete opciones que puedes incorporar a tu rutina de estudio.
1. Recuerdo activo y repetición espaciada
El recuerdo activo (Active Recall) consiste en intentar recuperar información de nuestra memoria sin consultar inmediatamente los apuntes.
Por ejemplo, después de leer un tema sobre la Revolución Francesa, en lugar de volver a leerlo varias veces, puedes cerrar el libro y hacerte preguntas.
El objetivo no es comprobar cuánto puedes repetir de memoria, sino obligarte a recuperar la información que aprendiste.
La repetición espaciada complementa esta estrategia. En lugar de estudiar un tema intensamente durante una sola sesión, distribuyes las sesiones a lo largo del tiempo.
Por ejemplo, puedes repasarlo hoy, nuevamente en unos días y después una semana más tarde.
Esta combinación puede ser especialmente útil para preparar exámenes, aprender idiomas, memorizar conceptos o conservar información durante periodos prolongados.
Es importante mencionar que estas dos técnicas no son una sola. Si no, dos técnicas distintas que se complementan entre sí.
2. Técnica Pomodoro
La técnica Pomodoro es un método de organización del tiempo que propone dividir el trabajo en periodos de concentración y descanso.
Su versión más conocida consiste en 25 minutos de estudio más 5 minutos de descanso.
Después de varios ciclos, se recomienda realizar una pausa más larga.
Aunque Pomodoro no es propiamente una técnica de aprendizaje o memorización, puede ayudarte a crear mejores condiciones para estudiar. Especialmente cuando tienes dificultades para comenzar, mantener la atención o administrar sesiones largas.
Durante los 25 minutos puedes establecer un objetivo concreto, como “Voy a resolver diez ejercicios de matemáticas”. Esto puede ser más útil que plantearte simplemente “Voy a estudiar matemáticas”.
La diferencia está en convertir el tiempo de estudio en una actividad específica y medible.
3. Mapas mentales
Los mapas mentales representan visualmente la relación entre diferentes conceptos.
Normalmente parten de una idea central y desarrollan ramas con palabras clave, conceptos, ejemplos o imágenes relacionadas.
Por ejemplo, si estás estudiando Derecho Constitucional, puedes colocar el concepto principal en el centro y desarrollar las ramas relacionadas.
Esta técnica puede ayudarte a identificar relaciones y jerarquías entre conceptos, especialmente cuando necesitas comprender un tema amplio.
Sin embargo, hay una diferencia importante entre elaborar un mapa mental y simplemente copiar tus apuntes utilizando flechas y círculos.

4. Método Feynman
El método Feynman recibe su nombre del físico estadounidense Richard Feynman y se basa en una idea sencilla. Intentar explicar un concepto de manera clara y utilizando un lenguaje que cualquier persona pueda comprender.
Una forma práctica de aplicarlo consiste en seguir estos pasos:
- Elige un concepto.
- Explícalo con tus propias palabras.
- Identifica las partes que no puedes explicar claramente.
- Regresa a tus fuentes para resolver esas dudas.
- Vuelve a explicar el concepto de manera sencilla.
Por ejemplo, si estás estudiando psicología, intenta explicar algún concepto sin recurrir inmediatamente a términos técnicos o a la definición exacta de tu libro.
Si durante la explicación te das cuenta de que puedes repetir la definición, pero no explicar qué significa realmente, has encontrado una parte que necesitas comprender mejor.
La ventaja de este método es que convierte el estudio en una actividad de elaboración y explicación, en lugar de limitarse a releer información.
5. Tarjetas de memoria o flashcards
Las flashcards son tarjetas que contienen una pregunta o concepto en un lado y la respuesta en el otro.
Por ejemplo. Al frente, la pregunta ¿Qué es la fotosíntesis? Mientras que al reverso tienes la respuesta.
Su principal utilidad está en que permiten practicar el recuerdo activo.
En lugar de leer la respuesta una y otra vez, primero intentas responder y después compruebas si acertaste.
Son especialmente prácticas para aprender vocabulario; fechas; conceptos; definiciones; fórmulas; nombres y conceptos en diferentes idiomas.
También pueden combinarse con la repetición espaciada, donde las tarjetas que respondes correctamente pueden aparecer con menor frecuencia. Mientras que aquellas que te cuestan más pueden revisarse nuevamente en poco tiempo.
6. Método Cornell
El método Cornell es una forma de organizar los apuntes para facilitar su posterior revisión.
La hoja se divide generalmente en tres partes:
Notas: espacio principal para registrar la información de la clase o lectura.
Palabras clave o preguntas: una columna lateral donde se escriben conceptos, preguntas o términos importantes.
Resumen: una sección inferior destinada a sintetizar las ideas principales.
Su utilidad está en que transforma los apuntes en una herramienta para estudiar posteriormente.
Por ejemplo, en lugar de tener una página llena de información que tendrás que releer antes del examen, puedes cubrir la sección de notas. De esta forma puedes utilizar las preguntas de la columna lateral para intentar recuperar la información.
De esta manera, Cornell puede combinarse con el recuerdo activo.
7. Práctica de recuperación mediante preguntas y ejercicios (retrieval practice)
Una de las formas más útiles de comprobar si realmente aprendiste algo es intentar utilizarlo sin consultar la respuesta previamente.
Esto puede hacerse de distintas maneras dependiendo de la materia.
En Derecho, puedes analizar un caso y argumentar una posible solución. En Psicología, puedes explicar una teoría y relacionarla con un ejemplo. Mientras que en una materia de idiomas, puedes intentar producir una oración sin consultar el vocabulario.
Y antes de un examen puedes resolver preguntas o realizar un simulacro en condiciones similares a las de la evaluación.
La idea es sencilla. No solamente leas la respuesta; intenta producir una.
Cuando detectes un error, úsalo como una oportunidad para identificar qué parte del contenido necesitas reforzar.
¿Cuál es la mejor técnica de estudio?
La mejor técnica dependerá de lo que quieras conseguir.
No es lo mismo estudiar para comprender un concepto complejo que memorizar vocabulario para un examen de idiomas.
Puedes utilizar esta guía como punto de partida:

Además, las 7 mejores técnicas de estudio no tienen que utilizarse de manera aislada. De hecho, algunas pueden complementarse.
Por ejemplo, puedes tomar apuntes utilizando Cornell, convertir las ideas principales en flashcards, practicar su recuperación y volver a repasarlas algunos días después.
Consejos para estudiar mejor
Las técnicas pueden ayudarte, pero también importa la forma en que construyes tu rutina de estudio.
Establece objetivos concretos
En lugar de decir “voy a estudiar toda la tarde”, define qué quieres conseguir durante esa sesión.
Por ejemplo: “Voy a comprender los tres tipos de memoria y responder diez preguntas sobre el tema.”
No confundas familiaridad con aprendizaje
Leer varias veces un mismo texto puede hacer que su contenido te resulte familiar. Pero reconocer una información cuando la ves no significa necesariamente que puedas recordarla por tu cuenta.
Por eso conviene cerrar los apuntes y preguntarte ¿podría explicar esto sin mirar?
Descansa entre sesiones
El estudio no ocurre únicamente mientras estamos frente a los apuntes. El descanso y el sueño también forman parte de los procesos que permiten al cerebro consolidar aprendizajes.
Estudiar mejor no siempre significa estudiar más
Cuando pensamos en estudiar, es fácil imaginar largas horas frente a libros, computadoras o apuntes. Sin embargo, aprender no depende únicamente de cuánto tiempo pasamos estudiando, sino también de qué hacemos durante ese tiempo.
Leer pasivamente una información varias veces puede hacernos sentir que la conocemos, mientras que intentar recuperarla, explicarla, relacionarla o utilizarla nos permite comprobar qué tan bien la hemos aprendido.
Por eso, más que buscar una técnica perfecta, vale la pena construir una estrategia que combine diferentes herramientas de acuerdo con nuestras necesidades.
Conclusión
Encontrar las 7 mejores técnicas de estudio no significa elegir una sola y aplicarla de la misma manera para todo.
Aprender es un proceso que involucra atención, comprensión, memoria y práctica, por lo que una buena estrategia puede combinar diferentes herramientas según lo que necesites aprender.
Lo más importante es dejar de pensar que estudiar consiste únicamente en leer y releer información. Aprender también significa intentar recordar, explicar, relacionar y aplicar lo que estudias.
Experimenta con diferentes técnicas, identifica cuáles funcionan mejor para ti y construye una rutina que puedas mantener.
Porque estudiar mejor no se trata solamente de obtener buenos resultados en un examen, sino de desarrollar una forma de aprender que te acompañe durante tu formación universitaria y más allá.
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