¿Tu profesión o carrera define quién eres?

¿Qué vas a estudiar? ¿A qué te quieres dedicar? ¿Qué vas a hacer con tu vida?

Estas preguntas aparecen muy pronto. Incluso antes de que una persona haya tenido oportunidad de descubrir qué le interesa realmente. Elegir una carrera puede sentirse como una decisión definitiva: como si seleccionar una licenciatura significara elegir, al mismo tiempo, quién vas a ser durante el resto de tu vida.

Pero ¿tu profesión o carrera define quién eres?

La respuesta es más compleja que un simple sí o no. La profesión puede convertirse en una parte importante de nuestra identidad. Influye en nuestras rutinas, relaciones, conocimientos, aspiraciones y hasta en la manera en que nos presentamos ante otras personas. Sin embargo, ninguna ocupación puede contener por completo todo aquello que somos.

Somos también nuestras experiencias, valores, vínculos, intereses, decisiones, aprendizajes y transformaciones.

Comprenderlo puede ser especialmente importante durante la juventud, una etapa en la que muchas personas sienten que deberían tener perfectamente definido su futuro cuando, en realidad, apenas están comenzando a conocer sus posibilidades.

A los jóvenes se les dice que elegir una carrera significa escoger aquello que harás “toda la vida”, sin embargo, esta expectativa puede provocarles ansiedad.

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¿Tu profesión o carrera define quién eres?

Cuando conocemos a alguien, una de las primeras preguntas suele ser: “¿A qué te dedicas?”. No es casualidad. El trabajo ocupa una parte considerable de nuestra vida y suele convertirse en una referencia para explicar quiénes somos ante los demás.

Decimos: “Soy abogado, soy psicóloga, soy arquitecta, soy diseñador”, en lugar de decir simplemente: “Trabajo como abogado” o “estudié Psicología”.

El lenguaje muestra hasta qué punto profesión e identidad pueden relacionarse. Sin embargo, existe una diferencia importante entre tener una profesión y convertirla en nuestra identidad completa.

Una persona puede ser médica y también amante de la música, deportista, hija, madre, amiga, viajera, lectora o voluntaria.

Del mismo modo, alguien puede estudiar Administración y después descubrir una pasión por el marketing, el emprendimiento, la tecnología o la docencia. La identidad humana es mucho más amplia que una descripción laboral.

¿Por qué sentimos tanta presión al elegir una carrera?

Durante años se ha repetido una idea: elegir una carrera significa escoger aquello que harás “toda la vida”. Esa expectativa puede provocar ansiedad.

A los 17, 18 o 20 años se espera que una persona tome decisiones sobre un futuro que todavía no conoce por completo.

Además, existen presiones externas:

  • las expectativas familiares;
  • el prestigio de determinadas profesiones;
  • las oportunidades económicas;
  • la opinión de amigos y profesores;
  • las tendencias del mercado laboral;
  • el deseo de reconocimiento;
  • y las ideas sociales sobre lo que significa tener éxito.

Por ello, elegir una carrera rara vez es una decisión puramente individual.

También interviene el contexto en el que hemos crecido. Aquí resulta especialmente útil la perspectiva del sociólogo francés Pierre Bourdieu.

Alguien que creció rodeado de médicos probablemente conozca desde pequeño cómo funciona esa profesión.

Pierre Bourdieu y el capital cultural: ¿elegimos completamente solos?

Pierre Bourdieu desarrolló el concepto de capital cultural para explicar cómo los conocimientos, hábitos, formas de expresión, educación y referencias culturales que adquirimos principalmente a través de la familia y la escuela pueden influir en nuestra trayectoria social. En otras palabras, no todas las personas comienzan su camino desde el mismo punto.

Alguien que creció rodeado de médicos probablemente conozca desde pequeño cómo funciona esa profesión, qué universidades existen, qué especialidades puede estudiar y cómo es la vida profesional dentro de ese campo.

Otra persona podría crecer en una familia relacionada con los negocios, la ingeniería, el derecho, el arte o la educación. Esos ambientes amplían ciertas posibilidades y hacen menos visibles otras.

El capital cultural de Pierre Bourdieu permite comprender que nuestras decisiones profesionales están relacionadas no sólo con nuestros gustos personales, sino también con aquello que hemos conocido, aprendido y considerado posible. 

Esto no significa que nuestro futuro esté determinado, más bien quiere decir que reconocer nuestras influencias puede ayudarnos a tomar decisiones más conscientes.

El entorno influye, pero no escribe todo nuestro futuro

Bourdieu también utilizó el concepto de habitus para describir ciertas disposiciones, formas de pensar y maneras de interpretar el mundo que vamos incorporando a partir de nuestra historia de vida y nuestro entorno.

Por ejemplo, una persona puede crecer escuchando frases como: “Necesitas estudiar algo que deje dinero”, “en nuestra familia todos somos abogados”, “del arte no se vive”, “esa carrera no es para ti”, “ser médico da mucho prestigio”.

Con el tiempo, algunas de esas ideas pueden sentirse como propias aunque originalmente hayan surgido del contexto familiar o social. 

Preguntarnos de dónde provienen nuestras expectativas puede ser un ejercicio muy útil. ¿Realmente quiero esa carrera? ¿La elegí porque me interesa? ¿Me atrae porque tiene prestigio? ¿Estoy intentando cumplir las expectativas de alguien más? ¿Conozco todas mis opciones? No siempre tendremos respuestas inmediatas y eso forma parte del proceso.

Nuestro valor como personas no depende sólo de una profesión, un salario o un cargo.

Ego y profesión: cuando lo que hacemos se convierte en lo que creemos que valemos

Otra dimensión importante aparece en la relación entre el ego y la profesión. En determinados contextos, el empleo, el título universitario, el puesto o el prestigio profesional pueden convertirse en formas de reconocimiento social.

No tiene nada de extraño sentirse orgulloso de nuestros logros. El problema aparece cuando empezamos a pensar que nuestro valor personal depende exclusivamente de ellos.

Entonces pueden surgir ideas como: 

  • “Si no tengo éxito profesional, fracasé”.
  • “Si cambio de carrera, perdí el tiempo”.
  • “Si no trabajo en aquello que estudié, tomé una mala decisión”.
  • “Si otra persona avanza más rápido que yo, estoy quedándome atrás”.

Estas comparaciones pueden generar frustración porque convierten una trayectoria profesional —que normalmente tiene cambios, aprendizajes y momentos de incertidumbre— en una competencia permanente.

El trabajo puede proporcionarnos realización, propósito y crecimiento. Pero nuestro valor como personas no depende sólo de una profesión, un salario o un cargo.

Cambiar de carrera no significa fracasar

Existe otro temor frecuente: descubrir que la carrera elegida no era lo que imaginábamos. Puede ocurrir. Las personas cambian porque también cambia su conocimiento del mundo.

A veces descubrimos nuevas disciplinas. En otras ocasiones conocemos campos profesionales que ni siquiera sabíamos que existían cuando comenzamos la universidad.

También pueden cambiar nuestras prioridades. Por eso modificar el rumbo no significa haber cometido un error. Incluso una formación que posteriormente abandonamos puede dejarnos habilidades, conocimientos, relaciones y experiencias que aparecerán nuevamente en nuestra trayectoria.

El desarrollo profesional rara vez ocurre en línea recta.

Una carrera también puede transformarse

Elegir una licenciatura tampoco significa quedar limitado a una sola ocupación. Muchas profesiones actuales combinan conocimientos provenientes de diferentes áreas.

Una persona que estudió Derecho puede trabajar posteriormente en compliance, tecnología, derechos digitales, comunicación institucional o consultoría. Alguien que estudió Psicología puede orientarse hacia recursos humanos, educación, investigación, organizaciones o práctica clínica.

Un especialista en Comunicación puede desarrollarse en marketing digital, producción audiovisual, relaciones públicas, análisis de datos o creación de contenidos. La carrera ofrece una base, pero la trayectoria profesional se construye después.

No necesitas tener toda tu vida resuelta hoy

Cuando observamos a personas con una trayectoria consolidada, solemos mirar el resultado final. No vemos las dudas, los cambios de trabajo, los proyectos que no funcionaron, los aprendizajes inesperados o las decisiones que modificaron el rumbo. 

Por eso comparar nuestros primeros pasos con la etapa avanzada de otra persona puede generar una percepción injusta de nuestro propio progreso. Elegir una carrera es importante, pero no necesitas diseñar toda tu existencia en una sola decisión: puedes aprender, especializarte, cambiar, combinar intereses. Puedes descubrir una vocación que todavía no conoces.

¿Cómo elegir una carrera sin sentir que estás decidiendo toda tu vida?

En lugar de preguntarte únicamente “¿qué quiero ser?”, puede resultar más útil plantearte otras preguntas:

¿Qué temas despiertan mi curiosidad?

No necesariamente aquello que ya dominas, sino aquello sobre lo que disfrutas aprender.

¿Qué tipo de problemas me gustaría ayudar a resolver?

Muchas profesiones existen precisamente alrededor de determinados problemas sociales, empresariales, científicos, humanos o tecnológicos.

¿Qué habilidades disfruto utilizar?

Analizar, escribir, organizar, enseñar, investigar, diseñar, negociar, crear o resolver pueden ser pistas importantes.

¿Qué estilo de vida imagino?

Las profesiones también implican horarios, dinámicas laborales y ambientes diferentes.

¿Qué posibilidades todavía no conozco?

Investigar planes de estudio, hablar con profesionales y conocer diferentes áreas laborales puede ampliar enormemente nuestra perspectiva.

La orientación vocacional no consiste necesariamente en descubrir una única carrera “destinada” para nosotros. También puede ayudarnos a comprender nuestras habilidades, intereses y posibilidades.

Estudiar una carrera no significa quedarse con una identidad definitiva, significa adquirir herramientas para comenzar un nuevo camino.

Tu carrera forma parte de tu historia, pero no es toda tu historia

Una profesión puede convertirse en una fuente importante de satisfacción al representar años de esfuerzo, aprendizaje y crecimiento. Puede abrir oportunidades, permitirnos contribuir a nuestra comunidad y brindarnos herramientas para construir nuestro futuro, sin embargo, seguimos siendo mucho más que nuestro currículum. 

Reconocerlo no resta importancia a la educación, al contrario, permite elegir desde un lugar menos dominado por el miedo. Estudiar una carrera no significa quedarse con una identidad definitiva, significa adquirir herramientas para comenzar un nuevo camino las veces que sean necesarias. 

Conclusión

Entonces, ¿tu profesión o carrera define quién eres? Puede formar parte de tu identidad, pero no tiene por qué definirla por completo. Las decisiones profesionales están relacionadas con nuestros intereses, pero también con nuestras experiencias, las oportunidades que conocemos, las expectativas sociales y aquello que Pierre Bourdieu denominó capital cultural.

Comprender esas influencias puede ayudarnos a elegir con mayor libertad. También es importante reconocer la relación entre ego y profesión: alcanzar determinadas metas puede resultar gratificante, pero ningún título, puesto o salario determina por sí solo nuestro valor personal. Elegir una carrera es una decisión importante, pero no necesitas tener resuelta toda tu vida desde el primer día.

La universidad puede ser precisamente eso: un espacio para aprender una profesión, descubrir nuevas posibilidades y, al mismo tiempo, comenzar a descubrir quién quieres ser.

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