Jean Piaget y su legado de aprender a cambiar

Pocas figuras han transformado tanto la forma de entender el desarrollo humano como Jean Piaget. Antes de sus investigaciones, había una percepción común al mirar a las infancias: se asumía que eran una especie de versiones incompletas de los adultos; personas que pensaban bajo la misma lógica, pero con menos información. Se creía que el aprendizaje era un proceso pasivo y que la mente infantil simplemente acumulaba datos y normas que los mayores decidían transmitirle.

Pero Piaget enfrentó esta idea. Al observar cómo los seres humanos interactúan desde el nacimiento, descubrió que la mente infantil es un universo por sí solo: posee su propia lógica, su propia belleza y una asombrosa capacidad para reestructurarse. 

Jean Piaget: Biografía de quien descifró la mente infantil

Entender a Piaget implica mirar su propia historia. Nacido en Neuchâtel, Suiza, en 1896, su capacidad de observación comenzó pronto: de acuerdo con el Centro Jean Piaget, de la Universidad de Ginebra, con apenas 11 años, ya había escrito su primer artículo, inspirado por un gorrión albino que observó.

Para sorpresa de nadie, Jean Piaget obtuvo su doctorado en Ciencias Naturales con una investigación sobre los moluscos. Esto, lejos de ser una distracción, fue la base científica de sus futuras ideas. Mientras los psicólogos de su época explicaban el pensamiento únicamente desde la conducta o lo social, él se planteó una pregunta de origen biológico: ¿cómo nos adaptamos al entorno a través del aprendizaje, del conocimiento?

Su transición hacia la psicología ocurrió en París, cuando trabajó con Théodore Simon, colaborador de Alfred Binet en la creación de las pruebas de inteligencia. Lo que realmente cautivó la atención de Piaget no fueron las respuestas correctas de los niños, sino sus errores. Notó que aquellos de edades similares cometían exactamente los mismos tipos de fallas lógicas. Esto lo llevó a una conclusión única: el pensamiento infantil no es menos inteligente que el adulto, simplemente funciona bajo reglas distintas. A partir de ese momento, dedicó su vida a analizarlo.

Jean Piaget sostuvo que el aprendizaje no es memorizar, sino una construcción donde los niños reorganizan su pensamiento por medio de la exploración.

La teoría del aprendizaje de Piaget

El corazón de la teoría del aprendizaje de Piaget descansa sobre el concepto del constructivismo. De acuerdo con el catedrático Mario Carretero, de la Universidad Autónoma de Madrid, en su libro Constructivismo y educación, el conocimiento no es una calca de la realidad, sino una construcción continua. El sujeto interactúa con el objeto, lo explora, lo desarma intelectualmente y, al hacerlo, transforma sus propias estructuras mentales.

Para explicar cómo ocurre esto y cómo evoluciona la inteligencia humana, en su libro El nacimiento de la inteligencia en el niño, Piaget propuso una dinámica basada en dos procesos: asimilación y acomodación.

Asimilación

Ocurre cuando un individuo incorpora nueva información o nuevas experiencias dentro de los esquemas que ya posee en su mente. De alguna manera, moldeamos la realidad externa para que encaje en lo que ya conocemos.

Acomodación

Se activa cuando la experiencia que llega es tan diferente que no cabe en los esquemas previos. El sujeto se obliga a modificar sus estructuras internas para poder albergar otro conocimiento. El aprendizaje, entonces, no es un conjunto de datos, sino un ciclo.

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Las 4 etapas del desarrollo cognitivo en la teoría de Piaget

En su libro Psicología del niño, junto con la psicóloga Bärbel Inhelder, Piaget demostró que este proceso de asimilación y acomodación transcurre a través de una secuencia de estadios. Cada etapa representa una forma de percibir, interpretar y significar el mundo.

  • Etapa sensoriomotora: Desde el nacimiento hasta los dos años de edad. Durante este periodo, la inteligencia es puramente práctica y se manifiesta a través de los sentidos y el movimiento. Esto representa un primer despertar: el cuerpo es el más importante instrumento de exploración y conexión con la existencia.
  • Etapa preoperacional: Hasta los siete años, surge el pensamiento simbólico, el desarrollo del lenguaje, el juego y el egocentrismo: se dificulta adoptar el punto de vista del otro.
  • Etapa de operaciones concretas: A partir de los siete y hasta los 11 años, nace una lógica estructurada, pero únicamente vinculada a situaciones reales, físicas y tangibles. Esto se traduce en un despertar social fundamental: la capacidad de cooperar, comprender y respetar reglas. Además, se adquiere la habilidad de organización.
  • Etapa de operaciones formales: Desde los 12 años y a lo largo de la vida, este periodo se caracteriza por el pensamiento abstracto, de carácter hipotético-deductivo y profundamente reflexivo. Ya no se necesita la presencia física de los objetos para razonar sobre ellos. Esta última etapa representa la apertura hacia el cuestionamiento ético, el debate de los ideales sociales y la consolidación de la identidad.

Los aportes de Piaget

Aprendizaje por descubrimiento

Una de las grandes continuaciones de los estudios de Piaget fue el texto A study of thinking, de los psicólogos Jerome Bruner, Jacqueline Goodnow y George Austin. En este texto se propone que los seres humanos ordenamos nuestro entorno a partir del significado que le asignamos a las experiencias, lo que nos permite agrupar elementos distintos cuando comparten un valor común. Este proceso, conocido como categorización o conceptualización, es la herramienta que nos ayuda a simplificar la complejidad del exterior para adaptarnos a él.

En este sentido, el docente ya no es un transmisor de verdades absolutas, sino un facilitador, un diseñador de entornos estimulantes que despiertan la curiosidad.

Respeto por el proceso

De acuerdo con las observaciones de Piaget, el cerebro de un niño necesita madurar biológicamente para poder interactuar con el entorno y, entonces, asimilar y acomodar nuevos conocimientos. El aprendizaje sigue a la maduración.

El valor del error

Desde la perspectiva piagetiana, el error no es una falta que merezca ser castigada o señalada con vergüenza: equivocarse, más bien, acerca a las personas hacia una comprensión más profunda. Piaget comprendió que el error es inevitable en cualquier proceso de aprendizaje y por ello esconde grandes misterios de la complejidad humana.

Para Jean Piaget, el aprendizaje adulto se basa en la consolidación de la etapa de operaciones formales. A esta edad, el aprendizaje se vuelve práctico, reflexivo y enfocado en la experiencia.

Conclusión

Jean Piaget dejó una certeza conmovedora: somos seres en constante reconstrucción. Nuestra mente no está quieta. Es flexible, se adapta y se transforma con cada experiencia.  Aprender no significa recibir datos, memorizarlos sin saber su origen y luego simplemente repetirlos. Aprender es tener la capacidad de asimilar lo que vivimos y reorganizar lo que pensamos para dar paso a lo nuevo.

El conocimiento no se recibe, se cultiva poco a poco, con acciones, reflexiones, equivocaciones y valentía para poner en duda lo que creemos saber. Mantener viva la curiosidad que tanto fascinó a Piaget es, tal vez, la invitación que dejó sin pretenderlo: seguir explorando el mundo y continuar construyendo, a nuestro propio ritmo, nuestra propia sabiduría.

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